Su utilización favorece y estimula la reparación de la piel por medio de factores de crecimiento, que son extraídos de una muestra de sangre de cada paciente.

El rostro recupera el brillo y la textura, vuelve la apariencia de descanso, la piel se siente tersa y suave.

No rellena las áreas que han perdido volumen.

El efecto es visible de inmediato pero alcanza su máxima expresión a los 7-10 días de aplicado el tratamiento.

Puede ser utilizado como método preventivo en menores de 35 años.

Las zonas frecuentemente revitalizadas son la piel del rostro y el cuello.

El procedimiento se realiza en una sola sesión, con anestesia tópica.

La sesión dura aproximadamente dos horas. Se controla al paciente a los 7 días y este tratamiento facial puede ser utilizado de una a dos veces al año.